ES MÁS FELIZ EL QUE DA



Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra. (Eclesiastés 11:2)

Recibir es una conducta que nos gusta experimentar.  Somos buenos pidiendo y más aún, si se trata de pedirle a Dios.  Pero cuando se trata de dar “la puerca tuerce el rabo”  Vamos por la vida tratando de conseguir cosas, de acumular bienes, de adquirir o recibir las mejores marcas de ropa, zapatos, autos o artículos electrónicos.  Buscamos vivir en los mejores lugares de la ciudad e ir a vacacionar a los mejores destinos turísticos y aun, tratamos de ser miembros de las iglesias más populares o con las instalaciones o servicios más cómodos.  Si de recibir se trata, estamos siempre al frente de la fila.   Pero olvidamos que en el reino de Dios no se valora “el tener” sino el dar.  Nuestro Padre nos ha enseñado que es más rico el “que se da” que aquel que lucha por recibir o tener.  Por eso la escritura dice que es más feliz el que da que aquel que recibe.

Demos y “démonos” a aquel que menos tienes tiene.  El que sufre por un corazón roto, el que padece enfermedad, el que ha perdido el rumbo, el que ha insistido pero ha fracasado, el que no puede ver su pecado y el que no tiene amigos que le puedan ayudar para avanzar en la vida.  Nuestro Padre hizo eso por nosotros: mientras caminábamos perdidos, Él se dio para que alcanzáramos libertar, adquiriéramos sentido y tuviéramos la certeza de una herencia eterna a su lado.


No escondamos nuestra mano.  Demos.

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