NO NOS HACE MAL UN POCO MÁS DE SABIDURÍA
Oíd, hijos,
la enseñanza de un padre,
Y estad
atentos, para que conozcáis cordura.
Porque os
doy buena enseñanza;
No
desamparéis mi ley.
Porque yo
también fui hijo de mi padre,
Delicado y
único delante de mi madre.
Y él me
enseñaba, y me decía:
Retenga tu
corazón mis razones,
Guarda mis
mandamientos, y vivirás.
Adquiere
sabiduría, adquiere inteligencia;
No te
olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
No la
dejes, y ella te guardará;
Amala, y te
conservará.
Sabiduría
ante todo; adquiere sabiduría;
Y sobre
todas tus posesiones adquiere inteligencia.
Engrandécela,
y ella te engrandecerá;
Ella te
honrará, cuando tú la hayas abrazado.
Adorno de
gracia dará a tu cabeza;
Corona
de hermosura te entregará. (Proverbios 4:1-9)
Cuanta falta nos hace la verdad de Dios en nuestra vida y sin embargo no
nos damos cuenta. Confiamos tanto en el
sentido común, en nuestras corazonadas,
en el método científico y en los valores culturales que olvidamos que es solo
la verdad de Dios es lo único que nos puede llevar a buen puerto.
Cuando fracasamos nos justificamos y transferimos la culpa a cualquiera
que desafortunadamente este cerca (física o emocionalmente) y con ello nos
aseguramos de volver a repetir el error, porque en realidad nunca aprendemos de
las experiencias pasadas, pues las filtramos a través de nuestras carencias
(las misma que nos llevaron a errar) y las conclusiones sin duda volverán a ser
falsas.
Sin la verdad de Dios gobernando en nuestra vida el dolor, la
desesperanza y la confusión sin duda serán nuestros inquilinos más fieles a los
largo de nuestra vida. Meditemos en cómo
estamos viviendo y volvamos al camino por donde Dios camina para aprender a
vivir con sabiduría.

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