SU PALABRA NOS HACE PRUDENTES
Serás librado de la mujer extraña,
De la ajena que halaga con sus palabras,
La cual abandona al compañero de su juventud,
Y se olvida del pacto de su Dios.
Por lo cual su casa está inclinada a la muerte,
Y sus veredas hacia los muertos;
Todos los que a ella se lleguen, no volverán,
Ni seguirán otra vez los senderos de la vida.
Así andarás por el camino de los buenos,
Y seguirás las veredas de los justos;
Porque los rectos habitarán la tierra,
Y los perfectos permanecerán en ella,
Mas los impíos serán cortados de la tierra,
Y los prevaricadores serán de ella
desarraigados.
(Proverbios 2:16-22)
Quien atiende la verdad de Dios es librado de las relaciones
que destruyen el alma. Esta es una
verdad que olvidamos con facilidad y que por lo tanto omitimos al decidir con
quienes construimos amistad, familia o amor.
Suponemos que hemos aprendido la suficiente para elegir
amigos, novio o novia, o conyugue y por lo tanto sacamos a Dios de esa esfera
de nuestra vida, sin darnos cuenta que lo único que estamos sembrando es dolor. Suponemos que la verdades que hemos aprendido
de los mayores que nos influenciaron en nuestra niñez, de los programas de Tv. De
las canciones de moda o de los libros que hemos alcanzado a leer son ciertas y sólidas
y que nos guiarán por buen camino en las construcción de las relaciones
afectivas, pero al paso del tiempo, terminamos tristes y decepcionado al ver
como en quienes confiamos nos han dado la espalda de todas las maneras
posibles.
Quien confía en lo que ésta generación propone, siempre
terminara extraviado. Es solo la Palabra
de Dios y la verdad que en ella se nos revela lo único que sirve de guía para
establecer amistades que bendigan la vida y relaciones amorosas que satisfagan
el alma. Es solo la verdad de Dios la
que puede hacernos prudentes para construir relaciones afectivas que en lugar
de enfermarnos sean instrumentos de Dios para sanar nuestra vida y la de otros.

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