ESCUCHEMOSLE


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La sabiduría se deja oír
por calles y avenidas.
21 Por las esquinas más transitadas
y en los lugares más concurridos
se le oye decir con insistencia:

22 «Ustedes, jovencitos sin experiencia,[a]
enamorados de su propia ignorancia;
y ustedes, jovencitos malcriados,
que parecen muy contentos
con su mala educación,
¿seguirán siendo siempre así?
Y ustedes, los ignorantes,
¿seguirán odiando el conocimiento?
23 ¡Háganme caso cuando los instruya!
Así compartiré con ustedes
mis enseñanzas y pensamientos.
24 Yo los llamo,
pero ustedes no me responden;
les hago señas,
pero ustedes no me hacen caso.
25 Rechazan todos mis consejos,
y desobedecen mis regaños.
26-27 ¡Pues yo también me burlaré
cuando estén llenos de miedo,
y se queden en la ruina!
Será como si los arrastrara el viento
o les cayera una tormenta.
28 Me llamarán, y no les responderé;
me buscarán, y no me encontrarán.
29 Ustedes no quieren aprender
ni obedecer a Dios;
30 no siguen mis consejos,
ni aceptan mis enseñanzas.
31 Por eso recibirán su merecido:
¡tendrán problemas de sobra!
32 ¡Sufrirán las consecuencias
de sus malas decisiones
y de su mala conducta!
¡Acabarán siendo destruidos
por su necedad
y por su poca atención!
33 Pero los que me hagan caso
vivirán tranquilos y en paz,
y no tendrán miedo del mal» (Proverbios 1:20-33)



Dios camina entre nosotros buscando quien se percate de su necesidad de escuchar y atender a la verdad.  En medio de la carencia humana Él presenta la solución a la desesperanza, preocupación y al conflicto que parece no tener solución; sin embargo la gran mayoría de nosotros no escuchamos su voz y persistimos en la necedad de creer que tenemos la respuesta, cuando fueron nuestras propias ideas lo que nos llevaron a la trampa en la que nos encontramos.

Hay sabiduría en Dios.  Su verdad sigue estando vigente y su forma de vida nunca ha dejado de ser la correcta.  Somos nosotros lo que insistimos en no atender a su verdad y  buscar formar de vidas alternas que parecen ser buenas pero que su fin siempre es dolor. 

Escuchemos a Dios y valoremos su verdad, solo en ello podremos encontrar los principios necesarios para construir una vida que se prologue a la eternidad y en plenitud.

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