¿Y SI LE ADORAMOS?
¡Alaben a
Dios todos ustedes,
que están a
su servicio!
¡Alábenlo
también ustedes,
los que en
su templo
le cantan
himnos por las noches!
¡Levanten
las manos para orar!
¡Dirijan la
mirada hacia el altar,
y alaben a
Dios!
¡Que Dios,
creador del
cielo y de la tierra,
te
bendiga desde su templo!
(Salmo134)
Adorar a Dios es nuestro
compromiso principal de cada día. Quien
su tiempo, sus recursos, talentos y expresiones de gratitud los prioriza para
otros pero no para Dios, sin duda pierde la bendición de conocerle.
Fuimos creados para la alabanza
de su gloria y olvidar ser agradecidos con El nos hace perder el propósito de
nuestra propia existencia. Con
facilidad reconocemos las acciones que otros tienen a favor de nosotros pero
con esa misma facilidad olvidamos que toda cosa buena que llega a nuestra vida
viene de la mano de Dios y por esa misma mano hemos sido librados de todo aquel
dolor que nosotros en nuestra necedad hemos acercado o incluido a nuestra vida.
Debemos aprender a ser agradecidos
con quien nos dio y sostiene nuestra vida.
Con aquel que impide que el pecado tome control de nuestra
mente y emociones. Debemos cada día
tomar tiempo para estar con El y darnos en gratitud, pues nadie ha hecho por nosotros
lo que El hizo y hace cada día.
¡Adoremos con manos y corazón limpio a nuestro Dios, Creador y Padre,
pues sin duda nada refrescará más nuestra vida que estar en su compañía con un
corazón agradecido.


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