ES SOLO POR EL



Dios mío, te estoy llamando:
¡Préstame atención
y ven pronto en mi ayuda!
¡Recibe mi oración
como una ofrenda de incienso!
¡A ti elevo mis manos
como una ofrenda en la tarde!
Dios mío,
¡no me dejes decir
ni una sola tontería!
¡No me dejes tener
malos pensamientos,
ni cometer maldad alguna!
¡No me dejes tomar parte
en fiestas de gente malvada!
Considero una muestra de amor
que una persona honrada
me regañe o me golpee;
para mí, sus reprensiones
son como fino perfume.
Dios mío, yo siempre te pido
que castigues a los malvados.
Cuando los gobernantes malvados
acaben en la ruina,
se acordarán de mis palabras
y sabrán que les hablé con dulzura.
Entonces la gente dirá:
«Sus huesos han quedado
esparcidos por el suelo».
Por mi parte, Dios mío,
de ti dependo,
y en ti busco refugio.
¡No dejes que me maten!
¡Líbrame de las trampas
que esos malvados me tienden!
¡Haz que sean ellos mismos
los que caigan en sus redes!
Pero a mí, ¡ponme a salvo! (SALMO 141)

Solo es en Dios que podemos vivir como es digno de El.  No es nuestros esfuerzo, nuestra dedicación o un concepto correcto de la espiritualidad.  Es su gracia y su palabra a nuestro favor que produce en nosotros el deseo de vivir como El lo hace, de ver la vida de manera correcta y de ajustar nuestros valores y creencias a su verdad.  El no solo es nuestro defensor, sino también el proveedor de deseos correctos, de motivos no trastocados por la envidia y de emociones dignas de un hijo de El.  Es su obra en nosotros lo que nos permite ver nuestro pecado y arrepentirnos de ello, es solo por El que podemos decidir no solo lo mejor sino lo correcto, es su impulso lo que nos hace involucrarnos con las personas correctas y es solo por su amor que somos sanados de buscar placer en los lugares y relaciones insanas.


Nuestro Dios nos es suficiente.  Es en sus fuerzas y únicamente en ellas que podemos vivir como conviene.

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