EL ES NUESTRO LIBERTADOR
Mi Dios,
a ti elevo
mi voz
para
pedirte ayuda;
a ti elevo
mi voz
para
pedirte compasión.
Cuando me
siento deprimido,
a ti te
hago saber lo que me angustia.
Tú sabes
cómo me comporto.
Hay algunos
que a mi paso
me tienden
una trampa.
Mira bien a
mi derecha:
¡nadie me
presta atención!
¡No hay
nadie que me proteja!
¡A nadie le
importo!
Dios mío,
a ti te
ruego y te digo:
«¡Tú eres
mi refugio!
¡En este
mundo
tú eres
todo lo que tengo!»
¡Atiende
mis ruegos,
pues me
encuentro muy débil!
¡Líbrame de
mis enemigos,
pues son
más fuertes que yo!
¡Sácame de
esta angustia,
para que
pueda alabarte!
Al ver que
me tratas bien,
los
justos harán fiesta. (Salmo 142)
Vivimos en
una sociedad que todo corrompe. Una
sociedad con tantos conceptos falsos que lo bueno que aporta a la vida es muy poco. Una sociedad que por estar sometida al dios
de esta era, violenta, condiciona, confunde y deprime. Es solo Dios quien con su verdad nos puede
dar esperanza y rumbo para transitar por esta vida. Es solo Dios el único que nos puede librar de
cada una de las mentiras que nos proponen y de las consecuencias que ellas
traen consigo para quienes las creen y las aplican. Es Dios y únicamente El quien puede
restaurarnos de la violencia, la vida en esclavitud, la confusión y los
sentimientos negativos que creamos hacia nosotros mismos. Es El quien puede sacarnos de la desesperación
que el pecado trae consigo cuando nos somete a su yugo y a sus frutos. El es nuestro defensor de lo que somos
conscientes y aun de lo que no lo somos.
Dejemos que
Dios pelee por nosotros y extienda su mano para librarnos del dolor. Permitámosle que Él sea nuestro libertador
cada día, nuestro proveedor de decisiones correctas y la ruta para encontrar
sensaciones que no terminen siendo trampas de las que tarda uno mucho en
salir. Dejémosle a El la oportunidad de
hacernos libres en cada momento de nuestra vida.


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