DEJA QUE EL TE HAGA LIBRE
Junto a los
ríos de Babilonia,
Allí nos
sentábamos, y aun llorábamos,
Acordándonos
de Sion.
Sobre los
sauces en medio de ella
Colgamos
nuestras arpas.
Y los que
nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos,
Y los que
nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo:
Cantadnos
algunos de los cánticos de Sion.
¿Cómo
cantaremos cántico de Jehová
En tierra
de extraños?
Si me
olvidare de ti, oh Jerusalén,
Pierda mi
diestra su destreza.
Mi lengua
se pegue a mi paladar,
Si de ti no
me acordare;
Si no
enalteciere a Jerusalén
Como
preferente asunto de mi alegría.
Oh Jehová,
recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén,
Cuando
decían: Arrasadla, arrasadla
Hasta los
cimientos.
Hija de
Babilonia la desolada,
Bienaventurado
el que te diere el pago
De lo que
tú nos hiciste.
Dichoso el
que tomare y estrellare tus niños
Contra
la peña.
(SALMO
137)
El dolor que sentimos cuando alguien hace cosas que nos
lastiman es una experiencia nada agradable.
Ver como personas a las que hemos amado, estimado, ayudado o conocido
nos dan la espalda siempre hiere nuestra alma y mas de una ocasión nos ha hecho
experimentar depresión y ansiedad. La desilusión nos lleva a la frustración y la frustración al enojo lo que nos hace tener
sentimientos de venganza o culpa o rechazo.
Es decir el enemigo nos esclaviza con el sufrimiento ser ser heridos por
quienes amamos pero también lo hace al promover en nosotros la ansiedad y el
enojo que roban nuestra paz.
Dios nos ha hecho libre.
La sangre de Jesús no liberó del rechazo, del desamor, de la desesperanza
pero también de la depresión, la angustia y la falta de perdón. No dejes que el maligno te haga esclavo de
pensamiento poco funcionales y de emociones que lastiman. Ven a Dios y deja que el sane tus heridas y
te haga libre para disfrutes la vida que Jesús ganó por ti en la cruz.


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