SU PALABRA NOS LIBERA DE LO FALSO






No me dejes seguir a dioses falsos,
pues quiero adorarte sólo a ti.
¡Cumple tu promesa y dame ánimo! (Salmo 119:37-38)

Ir por la vida persiguiendo como verdad todo aquello que es falso, termina por agotarnos.  No hay felicidad en la mentira y mucho menos en gastar la vida tratando de alcanzarla.  El problema radica básicamente en que no sabemos distinguir aquello que es cierto y lo que no lo es.

Construimos compromisos en donde no debemos con personas que no deberían estar cerca de nosotros.  Invertimos nuestro dinero en bienes de consumo que en verdad no necesitamos, establecemos relaciones de amistad con gente que saca ventaja de nuestra persona y a quienes no le impartamos de ningún modo.  Ignoramos La Palabra y por lo tanto fallamos en elegir la ruta por la que transitaremos por la vida. 

Levantamos con facilidad dioses falsos. Damos todo nuestro esfuerzo físico, emocional y espiritual y a la larga  nos convertimos en personas agotadas, desilusionadas y decaídas.  Hacemos de  nuestro trabajo un dios que paga mala pensión en la vejez, hacemos de nuestros hijos el efecto e interés primario y no siempre recibimos la misma retribución, le danos al esposo o la esposa el lugar de mayor preponderancia en nuestra vida aun por encima de Dios, pues nos sentimos tan enamorados y cuando abrimos bien los ojos muchas veces nos percatamos que para ellos no tenemos la misma prioridad.  Todo lo que no es cierto, todo lo que no viene de la mano de Dios, todo aquello que la Palabra no nos promueva terminará agotándonos y con ello , dejándonos si  animo para ser las personas que fuimos llamados a ser.


No gastemos la vida en aquello que no es cierto.  Si lo hacemos lloraremos mucho y no de felicidad.  Permitámosle a Dios ser lo primero en nuestra vida y que sea su Palabra el único promotor de verdades en toda nuestra existencia.




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