¿...Y SI ESPERAMOS?
Entonces Noemí le dijo a Rut:
—Ahora sólo tenemos que esperar con paciencia. Estoy segura de que Booz no va a descansar hasta que este asunto se resuelva. (Ruth 3:18).
Ser pacientes es algo que no se nos da. Recuerdo que cuando era niño detestaba ir por tortillas (porque a diferencia de ahora, donde un chico en una moto las lleva a la puerta de tu casa, antes se tenía que ir a la tortillería y hacer cola. Lo terrible era que a todos se les ocurría lo mismo a la misma hora y la cola era enorme), y la razón era porque me desesperaba esperar hasta que me atendieran. Somos poco pacientes para esperar el tiempo adecuado para hacer, sentir, conocer, vivir, disfrutar, etc. Queremos que todo sea para “hoy” sin saber si estamos listos para lo que tanto deseamos.
Ruth tenía que esperar a recibir la ayuda y la protección necesaria. Tal cosa sería fácil si no estuviera viviendo una etapa de vulnerabilidad en su vida. La protección y el cuidado le eran más que urgentes, pero tenía que ser paciente y esperar. Hoy los adultos deseamos tener la promoción en el trabajo lo más rápido posible, los jóvenes conseguir el trabajo “perfecto” de manera inmediata, los adolescentes tener relaciones sexuales y los niños la golosina que tanto anuncian por la tv. Nadie quiere esperar, todos queremos el satisfactor de manera inmediata, como si esperar fuera una desgracia.
La paciencia es un musculo que se debe ejercitar, y el más interesado en ello es Dios, El sabe que si no aprendemos a esperar, seguro nos meteremos en líos rápidamente. La impaciencia es la madre de la imprudencia. Saber esperar habla de madurez, responsabilidad, conciencia de sí mismo y de que en verdad caminamos con Dios y que no somos cristianos de domingo.
Estemos quietos, seamos pacientes y reconozcamos que nuestro Dios nos guiará en la mejor de la rutas para llegar a la bendición, la cual siempre será mejor que nuestros sueños y anhelos.

.bmp)
.bmp)
Comentarios
Publicar un comentario