SIN DOBLES



Un día, Noemí supo que Dios había bendecido al país de Israel, dándole abundantes cosechas. Entonces ella y sus nueras se prepararon para irse a Judá. Todavía no habían caminado mucho cuando Noemí les dijo:
—Mejor regresen a vivir con sus familias. Que Dios las trate bien, como ustedes me han tratado a mí y trataron a mis hijos. Pido a Dios que les permita casarse otra vez y formar un nuevo hogar.
Noemí se despidió de ellas con un beso, pero Orfá y Rut empezaron a llorar y 10 a decirle:
—¡No queremos separarnos de ti! ¡Por favor, déjanos ir contigo y vivir entre tu gente!
11-13 Pero Noemí les contestó:
—¡Váyanse, hijas mías! ¿Para qué van a seguirme? Ya no tengo más hijos para que se casen con ustedes, y ya estoy muy vieja para casarme otra vez. Y aun si hoy mismo pudiera casarme y tuviera hijos muy pronto, ¿estarían ustedes dispuestas a esperarlos hasta que ellos crecieran? ¡No, hijas mías, eso es imposible! Yo estoy sufriendo más que ustedes, pues Dios se ha puesto en mi contra.
14 Al oír esto, las nueras volvieron a llorar amargamente. Por fin Orfá[c] se despidió de su suegra, pero Rut se quedó con ella. 15 Entonces Noemí le dijo a Rut:
—¡Tu cuñada ya regresó a su pueblo y a su dios! ¡Vete con ella!
16 Pero Rut[d] le contestó:
«No me pidas que te deje;
ni me ruegues que te abandone.
Adonde tú vayas iré,
y donde tú vivas viviré.
»Tu pueblo será mi pueblo
y tu Dios será mi Dios.
17 Donde tú mueras moriré,

y allí mismo seré enterrada.
»Que Dios me castigue
si te abandono,
pues nada podrá separarnos;
¡nada, ni siquiera la muerte!»
18 Noemí no insistió más, pues comprendió que Rut había decidido irse con ella. (Ruth 1:6-18)

La lealtad es un valor que se ha perdido, no solo a nivel profesional, sino también a nivel familiar.  Hoy día hemos aprendido que vale más ver solo por nosotros que por lo demás.  La deslealtad se ha vuelto moneda de cambio entre los hermanos, compañeros, vecinos, conocidos y familiares.  Ruth era una mujer que no nació en una familia judía, sin embargo dado que se caso con un hebrero, término siendo parte de una de ellas.  Su nuera y sus hijos fueron a vivir a la ciudad de donde ella era y ahí se hizo parte de ellos.  Cuando Su nuera quiso regresar a Israel, dejo que las esposas de sus hijos, que ya eran viudas en ese momento, se quedarán con sus padres, sin embargo Ruth no acepto.  Ella decidió ser parte de la familia de esta mujer y cumpliría su promesa hasta el final.

Hoy día solo somos parte de algo si nos conviene.  Si vemos que deseamos algo más o diferente, dejamos lo que tenemos o lo olvidamos.  Con facilidad le damos la espalda a nuestros amigos y familiares.  Preferimos ser leales a quienes no son cercanos a nosotros, a quienes no han hecho gran cosa por nuestro bien.  Los padres exhibimos con facilidad los defectos de nuestros hijos y estos a su vez hablan de los errores de sus padres con otros.  Con facilidad vemos que en las reuniones de familia se habla mal de quien no está presente y cuando llega todos le saludan de beso y abrazo.

En el Reino de Dios no se puede ser así.  Debemos aprender a ser leales con las personas que nos aprecian y cuidan y ser siempre con ellos de una sola cara.  Estar a su lado en los tiempos buenos y en los tiempos malos.  Dios honra la lealtad y bendice cuando cumplimos con nuestros hijos, amigos y familiares.

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