VIVIENDO EN ARMONIA




¡No hay nada más bello
ni más agradable
que ver a los hermanos
vivir juntos y en armonía!
Es tan agradable ver esto
como oler el buen perfume
de los sacerdotes,
perfume que corre
de la cabeza a los pies.
Es tan agradable
como la lluvia del norte
que cae en el monte Hermón
y corre a Jerusalén, en el sur.
A quienes viven así,
Dios los bendice
con una larga vida.
(Salmo 133)

¡Fuimos llamados a vivir en Paz!  El pleito, los gritos, las acciones que carcomen la valía del de junto y las palabra que hieren el alma, no provienen del corazón de Dios.  Vivir en nuestra familia, con nuestros amigos y compañeros y en nuestro trabajo en paz es la consecuencia de haber aprender a vivir como Dios lo hace.  Dios derrama su bendición en aquellos que a pesar de las diferencias respetan, quienes no tiene el interés ni la necesidad de conseguir dominio sobre otros, quienes  que han aprendido a reprender sin tener que lastimar,  quienes piden perdón cuando se equivocan y corrigen el rumbo.  Quienes necesitan amenazar, herir con la palabras, lastimar con la fuerza física, contender y disputar siempre terminaran viviendo en sequedad, sin el amor de los cercanos y en soledad.  Quienes necesitan humillar para encontrar satisfacción nunca podrán disfrutar del amor de Dios.


Aprendamos a vivir en paz con quienes nos rodean y a darle a todos el valor y respeto que Dios les da.  En ello siempre habrá bendición y frescura del alma.

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